Enviado por
vuchuu el Mar, 21/10/2008 - 06:09
Segunda parte del artículo de Pablo Glavina para Póquer Ajedrez. ¡Disfrutadlo ;)!
Ayer divagamos un poco sobre como intimidar y desequilibrar al rival en el ajedrez. En el póquer, y sobre todo en el Texas Holdem, si lo logramos tenemos media partida ganada.
Un modo infantil y primitivo de conseguir desequilibrio se ve en la película de reciente estreno en EEUU, Deal, donde Burt Reynolds interpreta el papel de Tommy Vinson, un jugador de póquer ya retirado que vuelve para formar al joven Alex Stillman (interpretado por Bret Harrison). Durante la noche previa al día clave de un torneo, Tommy y Alex reciben continuas llamadas en la puerta de su habitación por gente contratada a ese fin por otros jugadores para que no puedan conciliar el sueño. Así, al otro día, Alex pierde fácilmente todas sus fichas.
Las World Series of Poker del año 2003 marcaron un antes y un después en la historia de este juego. El triunfo de un amateur, Chris Monemayker (parece que sí, que ese es su verdadero nombre) con el consiguiente premio de dos millones y medio de dólares, hizo que decenas de miles de personas en el mundo se interesaran por el póquer. Mientras en el 2003 se apuntaron 839 personas en el evento principal, en el 2004 lo hicieron2576!, y en el 2005... ¡¡¡5619!!!
Recuerdo todavía el día de abril de 2004 en que un amigo me pasó un DVD acompañado de la enigmática frase: “Mira, esto que te va a interesar”. El DVD contenía la cobertura que realizo la ESPN de dicho torneo. Enseguida quedé atrapado por el juego.
A pesar de la deslumbrante victoria de Moneymaker, a mí me llamó la atención el desarrollo del día dos del torneo. Así conocí al, tal vez rey de cómo intimidar, Phil Hellmuth. ¡Qué personaje! No es de extrañar que todos los años la ESPN lo coloque al menos un día en la mesa televisada (esa en la que mediante pequeñas camaritas podemos ver las cartas que lleva cada jugador). El hombre es puro espectáculo. Pero Hellmuth es cualquier cosa menos tonto, y es de suponer que todo es ficticio y en la intimidad no es de esa forma, aunque cualquiera lo diría viendo el color rosa chillón de las sábanas en las que duerme (en YouTube minuto 2:17 http://www.youtube.com/watch?v=uElUSNv18MQ ). Sigue leyendo »
»
Enviado por
vuchuu el Lun, 20/10/2008 - 06:10
Seguimos con la serie de artículos de Pablo Glavina, maestro internacional de ajedrez, que nuestros amigos de Póquer Ajedrez están publicando.
Uno de los encuentros por el título mundial de ajedrez más apasionante, fue, sin duda, el que se disputó en 1927 en el Club Argentino de Ajedrez en Buenos Aires, entre el genial cubano José Raúl Capablanca y el no menos genial ruso-francés Alexander Alekhine.
Todavía me emociono cuando visito el Club Argentino y veo la mesa donde se disputaron la mayoría de sus partidas (Otras se llevaron a cabo en la ciudad de La Plata, a 60km de Buenos Aires). Cuentan los que tuvieron la suerte de presenciar dicho encuentro, que Capablanca llevaba una vida de playboy durante el mismo.
Era común verlo en los lugares de moda y glamour de aquella época, como por ejemplo el Hipódromo, acompañado por las actrices de moda porteñas. Mientras tanto a Alekhine se lo veía llevando una vida monacal, analizando posiciones en su hotel, mientras su esposa le servía una taza de té. El libro con todas las partidas y con las anécdotas cayó en mis manos cuando apenas comenzaba mi andadura por los reinados de Caissa.
A pesar de que Alekhine ganó el encuentro con cierta claridad, y de que claramente su aproximación a lo que debe ser un deportista era mucho más ejemplar que la de Capablanca, lo que más llamo la atención a mi fácilmente deslumbrable cabecita infantil fue la siguiente historia:
Mediado el encuentro, cuando Alekhine dominaba en el marcador y en el juego, una de las partidas se aplazó con clara ventaja para Alekhine. El día que la partida debía ser reanudad, Alekhine se presentó en un abarrotado Club Argentino con mucho tiempo de antelación. Cuentan, que iba de tablero en tablero, refutando las variantes que los aficionados le presentaban y contando que había llenado más de un cuaderno con análisis de la posición. Sigue leyendo »
»
Enviado por
vuchuu el Vie, 17/10/2008 - 06:10
Nota de Vuchuu: Nos llega a través de nuestros amigos de PóquerAjedrez este fantástico artículo de Pablo Glavina, maestro internacional de ajedrez.
Aunque no está del todo claro, parece ser que entre los múltiples legados franceses a la cultura estadounidense por los colonos de Nueva Orleans, destacaba un juego de cartas llamado poque. Las primeras noticias de este juego datan de comienzos del siglo XIX y pronto se puso de moda a lo largo del Mississipi, y terminó derivando en el póquer actual.
En sus comienzos sólo se jugaba el póquer cubierto o five cards draw (cinco cartas cubiertas a cada jugador con un descarte y dos rondas de apuestas), pero el tener tan poca información sobre los naipes que poseía el rival, hacía de este un juego más de picardía y de psicología que de técnica. Pronto surgieron diferentes variedades y una de ellas, el Stud poker tomó preponderancia. En la forma más común del Stud se reparten siete cartas a cada jugador, cuatro de ellas descubiertas y tres cubiertas. Hay que formar la mejor jugada de cinco cartas con cinco rondas de apuestas. Pero sucedió que entonces, los jugadores tenían demasiada información sobre el juego rival, al conocer cuatro de sus siete cartas. Con esto, en la mayor parte de las manos estaba claro quién iba por delante, y también pasó de moda.
A lo largo del estado de Téxas, se jugaba una variante del póquer que fue el que tomo el relevo al Stud, al dar la información necesaria (ni mucha ni poca) a cada jugador para hacerlo atractivo a los técnicos y a los pícaros estudiosos del comportamiento humano. Nos referimos claro está al Texas Hold`em por todos conocido.
Hasta hace pocos años el mundo del póquer se asociaba (y no sin razón) a un ambiente sórdido, con peleas continuas, ases en la manga, tiros y muertes, pérdida del patrimonio familiar, etc., etc., etc.
Paralelamente a este mundo en la sombra, existimos los ajedrecistas. ¡Ay, los ajedrecistas! ¡Cuántos mitos y tópicos se han dicho sobre nosotros! ¡Cuántas personas nos han considerado más inteligentes de lo normal, o grandes artistas!
Lo cierto es, que en el mundo del ajedrez, como en el del póquer, y como en casi todo; nada es del todo blanco o del todo negro (ni siquiera las casillas del tablero). Un vez escuché una curiosa división del mundo en tres partes: un pequeñísimo porcentaje de gente capaz de crear arte, otro pequeño porcentaje (pero bastante más grande que el anterior), capaz de apreciar ese arte; y la gran mayoría: amebas. A pesar de lo cruel e injusto de esa división (es evidente que muchísima gente no ha tenido la oportunidad de acceder a la educación necesaria para disfrutar del arte), los ajedrecistas no escapamos a ella. Es por todos conocido que a comienzos del siglo XX, el ajedrez se jugaba en cafés llenos de humo y con apuestas por medio antes de cada partida. Cualquiera que haya frecuentado torneos y conoce algo del ambiente, seguro que ha visto, incluso a grandes maestros, jugar partidas rápidas luego de la del torneo por dinero. Gran cantidad de ajedrecistas, hemos sido o somos, bohemios, amantes de la noche y muchos también de cualquier clase de juego. Sigue leyendo »
»